Con el objetivo de ofrecer una orientación a toda la comunidad universitaria en relación con el uso académico responsable de la Inteligencia Artificial, la Universidad Nacional de Cuyo (Uncuyo) desarrolló y estableció una Guía de Buenas Prácticas para el Uso de Inteligencia Artificial Generativa.
El uso de IA en la comunidad educativa es una realidad hoy ineludible, tanto en alumnos como docentes. Los desafíos que presenta y los riesgos de atentar contra la calidad académica, tanto por la fiabilidad de los datos como las posibilidades de plagio, ponen en alerta a quienes se encargan de diseñar programas y evaluar rendimientos.
No son pocas las casas de estudio que enfrentan problemáticas similares, como fue destacado en varias notas en este sitio y otros espacios. En esa línea es que la Uncuyo desarrolló esta guía de lanzamiento reciente, con el objetivo de "transparentar una posición institucional y abrir un debate público en la comunidad universitaria. Entendemos que estamos iniciando un proceso reflexivo que puede adoptar distintos caminos en el futuro", compartió a Educación Debate, Julio Aguirre, Secretario Académico de la universidad, cuya área promovió el desarrollo de la guía junto con la Dirección de Educación a Distancia.
La propuesta, que puede descargarse aquí, reúne una serie de recomendaciones que buscan orientar a toda la comunidad universitaria (docentes, estudiantes, investigadores/as y personal no docente) en el uso responsable de herramientas que ya forman parte de la vida cotidiana en los procesos de enseñanza, aprendizaje, investigación y gestión", según informa la universidad.
"Surge tanto de enfrentar una situación en desarrollo (la IA ya está presente en nuestras aulas de múltiples maneras) como de anticiparnos a algunos usos de esta que aún no se han generalizado (como, por ejemplo, la automatización de procesos administrativos y el análisis predictivo de datos)", explicó Aguirre.
"Respecto a los usos en desarrollo, hay que enfatizar su generalización en el estudiantado para tareas tales como la redacción de textos, la creación de presentaciones, la sistematización y síntesis de documentación, entre otras", señaló.
"Esto presenta un desafío enorme al momento de conciliar la práctica del estudiantado con los dispositivos de evaluación de los docentes, cuestión que era enunciada recurrentemente por nuestros docentes en instancias de jornadas institucionales", reconoció el Secretario Académico.
Para el abordaje del trabajo con IA, la Uncuyo define ocho principios fundamentales que orientan su implementación, entre ellos: "la autoría responsable, la transparencia en el uso de las herramientas, la verificación de la información, la protección de datos personales, la supervisión humana en decisiones críticas, y la promoción de un uso inclusivo, accesible y ambientalmente sostenible".
Según destacan, uno de los puntos centrales de la guía es que "no se limita a definir principios generales, sino que establece criterios concretos de uso según niveles de riesgo, con ejemplos aplicables a la vida universitaria".
"Consideramos que había que buscar una alternativa tanto a los esquemas de prohibición como a esta suerte de 'dejar hacer' que hoy parece imponerse en muchas de las instituciones educativas", explicó Aguirre.
Además, el Secretario Académico mencionó que el desarrollo de los principios para el uso responsable de la IA y de la guía de buenas prácticas se hizo en paralelo con "varias propuestas formativas orientadas a docentes y estudiantes que ayudaban tanto a difundir una filosofía de uso responsable como, a la vez, a obtener habilidades específicas para usar diversas herramientas para distintos tipos de uso".
La guía establece tres niveles de uso. En el más básico, la inteligencia artificial puede utilizarse para tareas cotidianas como la corrección ortográfica y de estilo, la traducción automática, la generación de ideas preliminares, la organización de esquemas o el resumen de textos públicos. También se contempla su uso para estructurar apuntes o mejorar la redacción de materiales, siempre que no se involucren datos sensibles ni decisiones evaluativas.
En un nivel intermedio, se establece que la IA Generativa (IAG) puede emplearse como herramienta de apoyo en la elaboración de borradores de clases, consignas, rúbricas o informes académicos, así como en la redacción de documentos administrativos o la búsqueda asistida de bibliografía. En estos casos, se plantea como "imprescindible" una revisión humana crítica, ya que este uso puede "incidir indirectamente en evaluaciones, publicaciones o decisiones institucionales".
El nivel más alto contempla el procesamiento de datos personales, la automatización de decisiones académicas o el uso en evaluaciones. "En estos casos, la normativa es clara: se requiere validación humana obligatoria, declaración explícita del uso de la herramienta y cumplimiento estricto de los principios institucionales. Además, se desaconseja el uso de sistemas automatizados como único criterio para calificar o tomar decisiones que afecten trayectorias académicas", se indicó.