La escuela debe asumir un rol principal en la educación digital, afirma una encuesta

Un trabajo conjunto de Santillana y la CIEC revela que para las familias las instituciones educativas tienen que liderarn la formación en el uso de la tecnología y la IA.

La escuela debe asumir un rol principal en la educación digital, afirma una encuesta

Los estudiantes argentinos de los niveles medios y superiores ya incorporaron la inteligencia artificial (IA) a sus procesos de aprendizaje y desarrollaron mecanismos propios para validar la información que reciben. Pero la educación sobre el buen uso de esta herramienta al alcance de cualquiera que tenga apenas un teléfono celular, debe ser liderada por la escuela como institución primera de la formación integral y ciudadana. Al menos esto cree la amplia mayoría de los encuestados por dos estudios.

Los resultados de los estudios complementarios "Reflejos de una generación" y "Radiografía de la familia argentina: nuevo contrato con la escuela", elaborados por Santillana junto con la la Confederación Interamericana de Educación Católica (CIEC), afirma que el 77% de las familias considera que la escuela debe asumir un papel más activo en la educación digital, lo que muestra una fuerte demanda social de que las instituciones educativas lideren la formación en el uso de la tecnología y la IA.

El estudio asume que la alfabetización digital debe convertirse en una responsabilidad compartida entre escuela, familia y estudiantes. La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de los jóvenes argentinos, apunta, pero el verdadero desafío es aprender a usarla con criterio y, en esa línea, las familias manifiestan preocupación por el impacto de las pantallas y reclaman una mayor intervención de la escuela.

Las encuestas relevaron, el primero, a 28.845 estudiantes de las generaciones Alfa (63%) y Z (37%), a través de 41 preguntas, según informó Santillana, con una muestra integrada por 50,6% de mujeres y 47,5% de varones. El otro estudio encuestó a 10.800 familias mediante un cuestionario de 40 preguntas sobre ocio, relación con los hijos, escuela, inteligencia artificial y bienestar emocional.

A diferencia de los adultos, que aún intentan comprender el alcance de las nuevas tecnologías, los estudiantes ya incorporaron la IA como una herramienta habitual de estudio. Según el informe, el uso predominante de estas aplicaciones se concentra en el ámbito académico. Los principales beneficios identificados por los jóvenes son ahorrar tiempo en la búsqueda de información (64,5%), comprender temas difíciles (55,2%), organizar y planificar tareas (41,7%) y acceder a una mayor cantidad de recursos educativos (37,7%).

Sin embargo, el estudio destaca que el uso no es acrítico. Los investigadores concluyen que los estudiantes entienden la IA principalmente como "una herramienta puramente pedagógica y con filtros de validación. Se pregunta a dos o tres apps de IA para chequear que lo que les devuelve es correcto y válido". 

Esa actitud también se refleja en otro dato relevante: seis de cada diez estudiantes afirman confiar en la información que les proporciona la inteligencia artificial, aunque mantienen mecanismos de validación y contraste de datos. El informe resume esa conducta con una expresión sencilla: "Confío, pero verifico". 

Uno de los hallazgos más novedosos del estudio es que las preocupaciones de los jóvenes difieren significativamente de las de sus familias. Mientras los adultos concentran sus inquietudes en las pantallas, la privacidad o los riesgos digitales, los estudiantes manifiestan temores relacionados con el impacto que la IA puede tener sobre su capacidad de pensar por sí mismos.

Francisco Ortiz, Director Global de Inteligencia de Negocio de Santillana.
Francisco Ortiz, Director Global de Inteligencia de Negocio de Santillana.

Según el informe, "la preocupación es más humanista que tecnológica", ya que la principal inquietud no está asociada a problemas de seguridad informática sino a "la posible pérdida del juicio autónomo", lo que plantea la necesidad de promover un uso consciente, crítico y equilibrado de estas herramientas. 

Francisco Ortiz, Director Global de Inteligencia de Negocio de Santillana, y líder de los estudios sintetiza esa idea al señalar: "Los chicos temen perder su capacidad de reflexión, que se lo hagan demasiado fácil, pero a la vez desconfían. Son estudiantes en alerta y con un alto nivel de madurez tecnológica. Son generaciones muy digitales que lo integran con naturalidad en su rutina vital".

La investigación también muestra una brecha entre el grado de preocupación de las familias y su preparación para acompañar a los jóvenes en el entorno digital. Las pantallas constituyen hoy "el conflicto número uno en los hogares", asociado al tiempo de uso, las posibles adicciones y la exposición a riesgos digitales. El 55,2% de las familias afirma que la tecnología genera conflictos en el hogar; el 67,8% establece límites de tiempo de uso y el 48,6% recurre a la supervisión de un adulto. 

Además, aunque el 88,3% de los padres asegura hablar con sus hijos sobre lo que hacen en Internet, el estudio identifica una "paradoja comunicativa": muchos adultos no se sienten suficientemente preparados para orientarlos. En ese contexto, el 77% considera que la escuela debe asumir un papel más activo en la alfabetización digital.

Para Ortiz, el desafío también interpela a las instituciones educativas: "Los estudiantes demuestran ya disponer de una alta alfabetización digital. En ese contexto, la alfabetización digital surge entonces como una competencia clave a desarrollar en la escuela. La pregunta es si los colegios, al igual que las familias, presentan problemas estructurales y si saben cómo abordarla", define. 

Los investigadores concluyen que Argentina atraviesa un cambio profundo en la relación entre tecnología y educación. En este escenario, sostienen, la escuela deja de tener como misión exclusiva enseñar contenidos tecnológicos y pasa a desempeñar un papel central en el desarrollo del pensamiento crítico, la alfabetización digital y los criterios éticos necesarios para convivir con herramientas que ya forman parte de la vida cotidiana en una "una alianza sólida entre familias, estudiantes y escuelas", según Ortiz.