Detrás de cada guardapolvo hay una trayectoria singular: la de quien descubrió la vocación en el camino, la de quien convirtió sus propias dificultades escolares en el deseo de alojar a otros, y la de quien desde la infancia jugaba a enseñarles a sus muñecos.
En este Día del Maestro y la Maestra, tres docentes de nivel primario que transitan las aulas porteñas, tanto en el sistema estatal como en el de gestión privada, comparten sus testimonios sin edulcorar la realidad.
Alejandro, Maisa y Micaela compartieron sus historias con Educación Debate y describieron aspectos de la sobrecarga administrativa, la urgencia de atender emergencias sociales, siempre con el compromiso de sostener la tarea de educar como un acto transformador y profundamente político.
TRES CAMINOS Y UN MISMO COMPROMISO
Para Alejandro Idigoras (54), maestro desde 2004 en la Escuela N° 9 Benito Juárez y en el ámbito privado, el ingreso a las aulas no fue la respuesta a un llamado romántico.
Tornero metalúrgico de oficio, el impacto social y económico de los años noventa modificó el rumbo de su vida. “En el segundo gobierno de Menem la cosa se empezó a complicar demasiado: pasamos de ser cinco operarios a quedar yo solo, de vender 70 mesas oftalmológicas a vender tres. Frente a una situación social compleja, decidí que necesitaba ponerme a estudiar una carrera que tuviera estabilidad de ingresos”, recordó.
Primero pensó en ser enfermero, pero optó por la docencia. “La razón fue económica, fue una salida laboral, esta es la verdad, aunque con el tiempo empecé a tomarle el gusto”, celebró.
“Estamos en un momento histórico muy complejo en el que el rol docente está siendo bastante vapuleado" Maisa
En el caso de Maisa Arlandis (47), docente desde 2013 en el Colegio Integral Nuevos Ayres y en la Escuela Pública N° 9 del Distrito Escolar 17, el recorrido fue sinuoso. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UBA y apasionada por el teatro, fueron las experiencias de su propia infancia las que la acercaron a la docencia.
“Me costaron mucho los primeros años de escolaridad. Sentía que la escuela no me interpelaba”, recordó. Sin embargo, el compromiso de sus padres en la Cooperadora escolar la ayudó a habitarla desde otro lugar: “Mis viejos estaban muy involucrados con la causa educativa y eso me hizo enamorarme de la escuela. A los 16 años alfabeticé a una chica de mi misma edad, y una cosa fue llevando a la otra”.
Micaela Damiana Campese (32), ejerce como Maestra de grado desde 2015 en el Colegio N° 17 Esteban Echeverría. La vocación en ella se despertó de manera más temprana. “Desde niña soñaba con ser docente y dedicarme a enseñar. Solía dar clases a mis muñecos y a mi hermano, compartiendo con ellos aquello que sabía. La escuela siempre fue un lugar especial para mí, donde me sentí contenida, acompañada y valorada”, expresó.
LOS OBSTÁCULOS COTIDIANOS ENTRE PAPELES Y ASIMETRÍAS
Al analizar el día a día en la escuela, Alejandro, Maisa y Micaelalos tres coinciden en que el ejercicio docente se enfrenta hoy a barreras que poco tienen que ver con el proceso directo de enseñanza con los alumnos.
Alejandro pone el foco en la pérdida de profundidad curricular y en el peso de las exigencias administrativas. “Año tras año, la cantidad y la profundidad de los contenidos han bajado drásticamente. Pero lo que me resultó completamente diferente es que hay un mundo adulto lleno de burocracia, lleno de papeles, lleno de cosas inservibles dentro de la educación que funcionan como un obstáculo. No es culpa de los niños, es culpa de los adultos que embrollamos todo”, cuestionó.
Con respecto a la relación social con la institución, Alejandro percibe que "hay en general una falta de interes en la educación y está desdibujado el rol del docente con autoridad".
"Hay un mundo adulto lleno de burocracia, lleno de papeles, lleno de cosas inservibles dentro de la educación que funcionan como un obstáculo" Alejandro
Maisa, quien también habita simultáneamente ambos ámbitos, observa diferencias marcadas en la relación con el resto de la comunidad educativa: “En la escuela privada trabajamos fuertemente la ESI, lo vincular, y realizamos asambleas de convivencia. En la pública, muchas familias no asisten a las reuniones, ya sea por cuestiones laborales o por distintas realidades”.
Maisa alertó sobre la desvalorización de la profesión: “Estamos en un momento histórico muy complejo en el que el rol docente está siendo bastante vapuleado. Más allá de que la remuneración está prácticamente inamovible, hay derechos que fueron transformándose. Como si cualquiera pudiera ser maestro o maestra”.
ENSEÑAR O ASISTIR: UN DEBATE SOBRE EL FUTURO DE LA ESCUELA
La mutación del rol pedagógico en un contexto de complejidad social es una preocupación central entre quienes están al frente de los grados.
Micaela sostuvo que “existe el riesgo de que el rol docente se encuentre cada vez más orientado a acompañar y atender situaciones vinculadas con las necesidades sociales de los estudiantes, relegando a un segundo plano la enseñanza de contenidos académicos y las exigencias propias de la tarea escolar.
Mientras proyecta continuar formándose para alfabetizar adultos o desempeñarse en contextos hospitalarios, Micaela considera que “es necesario que el Estado garantice las condiciones adecuadas para enseñar y aprender, y que las familias acompañen”. Y enfatizó: “Necesitamos recuperar plenamente nuestro lugar como profesionales de la enseñanza”.
"La escuela siempre fue un lugar especial para mí, donde me sentí contenida, acompañada y valorada” Micaela
Frente a la irrupción de las tecnologías e inteligencias artificiales, Alejandro propuso despojar a la escuela de lo accesorio para volver a las bases. “Para proyectar una escuela del futuro -analizó- vamos a tener que dar unos pasos atrás y volver a una escuela anterior. La primaria se tiene que centrar en cuatro o cinco puntos básicos: contención emocional, enseñanza de valores, resolución de conflictos, alfabetización y operaciones matemáticas”.
A pesar de los vientos en contra, el sentido profundo de la profesión se mantiene firme y Maisa sintetizó el compromiso colectivo: “Como decía Paulo Freire, educar es un acto político. Es muy valioso que, contra viento y marea, no perdamos de vista esto”.
“Lo que me sorprendió para bien es la posibilidad de que, en muchos casos, uno le pueda modificar un poquito la vida a alguna persona a través de la educación”, rescató Alejandro en medio de un camino compartido.